Lluvia antes de Ave de hielo ígneo
- Araceli G. Ø
- 13 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Cuando llegué a Noruega, hace ya casi diez años, sentí que lo primero que debía hacer era abrirme paso en su lengua. Por eso entré al programa Vaksenopplæring en Vinje, que en español significa “formación para adultos”, aunque para mí fue algo más: un umbral, una especie de iniciación en otro mundo.
Recuerdo que un día, en medio de un ejercicio de escritura, mi profesor Halvor Otterholt me dijo: «Escribe lo que quieras». Y fue como si esas palabras encendieran una pequeña llama. Entonces me atreví a escribir un poema, en noruego. Cuando se lo mostré, me dijo que tenía musicalidad. Yo, en silencio, supe que aquello había salido por pura intuición —o quizá por un misterio más antiguo que el propio idioma—, porque entonces apenas sabía unas cuantas palabras. Aun así, pude escribir:
DET KOMMER REGN
Det er september her,
trær skifter fra grønt til rødt,
du kan føle ro og nostalgi,
det kommer regn.
Fossene faller som brudeslør,
det er kald og det er lite sol,
regnbuer vises vanligvis,
det kommer regn.
Sommerfargene endres om høsten,
endringer er en del a livet,
kun endringer er konstant.
VIENE LA LLUVIA
Es septiembre,
las hojas cambian de verde a rojo
se siente la calma y la nostalgia
viene la lluvia.
Las cascadas caen como velos de novia
hace frío y el sol se vislumbra poco,
a veces un arcoíris se asoma
viene la lluvia.
Los colores del verano cambian en el otoño
el cambio es parte de la vida
solo el cambio es constante.
Poco después participé en un taller de escritura en la comuna de Tokke. De aquella experiencia nació la antología Skriveverkstad i Tokke og Fyresdal — våren 2018 — ein antologi. El libro fue publicado y hoy reposa en la Biblioteca Nacional de Noruega. Por eso, puedo decir que, como poeta publicada, nací en esta tierra del norte.
A diez años, Ave de hielo ígneo – Iseldfugl, verá la luz este 18 de noviembre, un libro que habla sobre migración, en una edición bilingüe noruego-español.
Les dejo un poema de este libro:
Hemos llegado.
En el palpitar del kjøtmeis
que me recuerda una voz del cenzontle,
resurge la mirada de los antiguos,
aquellos que caminan con el corazón
en calma, en verdad.
Su aliento sostiene la armonía
de la tierra que venimos
y a la que llegamos.
Su paso es memoria de raíces.
Y en ese resplandor
que surge entre la claridad de una nube
y la oscuridad de otra,
se abre la ofrenda del universo:
surge la flor,
surge el canto,
y en ellos el espíritu retorna,
como volver a nacer en el día 1 sol,
en Arabygdi.
He continuado escribiendo porque tuve la fortuna de encontrar maestros que despertaron lo que siempre he amado: la poesía. Noruega y su gente me han dado espacio, voz y camino. En ese gesto generoso, siento que también ellos creen en los pequeños soñadores.
Así avanzo, entre el frío que afila la memoria y la calidez que ofrece un hogar inesperado, escribiendo como quien enciende una luz en la nieve: pequeña, pero capaz de abrir camino.

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